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miércoles, 12 de septiembre de 2012

21

Todavía puedo sentir el murmullo de aquella fantástica melodía que tocabas todos los fines de semana de aquel Abril a las nueve y cuarenta y tres minutos de la mañana. Todavía me levanto y cruzo ese pasillo corriendo, pero se estremece mi cuerpo cada vez que llego y no estas ahí,  sentado frente a ese piano, ese que ahora esta lleno de polvo y abandonado en aquel rincón donde lo dejaste, por que te juro que nadie a tenido cojones a tocar esa canción como lo hacías tu, ni tan siquiera a acariciar sus teclas como lo hacías tu. Todavía me quedo parada delante del piano, me apoyo suavemente sobre el y acaricio la madera mientras pienso que me estas dedicando aquella canción que tanto me gustaba, y es que hoy me he vuelto a levantar como siempre, a las nueve y cuarenta y tres minutos de la mañana y tu no estabas.

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